Allá por los setenta este billete solía habitar con frecuencia las carteras en España. No sucedía lo mismo con el de 500 y no digamos ya nada con el de 1.000 pesetas, raros de ver. Por cierto. Tener uno de 100 significaba que se podían comprar unas cuantas cosucas con él y que, por regla general, incluso sobraba dinero. ¡Ayer, inolvidable ayer... económico!

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